Teide y Acantilados de los Gigantes

El Teide a lo lejos

Mañana en el Teide

Para este día planeamos visitar el Teide por la mañana. En la búsqueda de información previa al viaje, vimos que una vez finalizado el desplazamiento en teleférico, había opción de realizar 3 rutas, dos más adaptadas para niños y una que te permitía tras unos 300 metros de ascensión, llegar a la cima del Teide, opción que no recomendaban para niños pequeños por su dureza.

Para esta última opción había que reservar con antelación pues el número de visitantes permitidos diariamente era bastante bajo. Nosotros preguntamos por esta opción en junio y ya no había disponibilidad para ninguno de los días en los que íbamos a estar. Al parecer, en julio y agosto, las entradas se suelen agotar pronto. Por suerte, tampoco era algo que pensáramos hacer, ya que tenía que subir con dos niños pequeños (la mami, embarazada, tenía prohibida la subida en teleférico) y no era plan subir 300 metros con el «peque» a cuestas. Así que el hecho de no encontrar disponibilidad, no alteró demasiado nuestros planes.

Vistas

Descartada la opción de ascender al Teide, estudiamos la opción de hacer la Ruta del Mirador de la Fortaleza (de unos 50 minutos ida y vuelta) o la Ruta del Mirador de Pico Viejo (unos 60 minutos ida y vuelta), cada una con sus puntos fuertes de observación.

El Teide a lo lejos

El marcado carácter familiar del viaje (durante nuestra estancia iban a unirse miembros de la familia, sin fecha concretada) hizo que no pudiéramos comprar los billetes del teleférico con antelación. Con frecuencia entrábamos en la web y apreciábamos que había disponibilidad para todos los días y todas las horas, por lo que no nos preocupamos demasiado. Este fue el gran fallo del viaje. Tras una hora de camino con el coche, llegamos a la estación del teleférico y tras aparcar bien, nos dirigimos a la taquilla donde vendían los billetes. Nada más llegar,  un cartel nos indicaba que todos los billetes estaban vendidos para el día. Según nos anunciaron en los meses de julio y agosto, sobre las 10:00 de la mañana, los billetes del día suelen agotarse, así que nos quedamos sin subir.

Teleférico

Planteamos la opción de volver otro día pero, finalmente valoramos el largo camino que habíamos realizado y lo que íbamos a ver, y decidimos ir a hacernos unas fotos con el Teide, el Pico Viejo y ver de cerca la lava, viviendo una experiencia bastante similar a la que nos esperaba arriba (máxime, por el hecho de que no podíamos subir con la mami)

Tarde en los Gigantes

Desde allí nos fuimos a los Gigantes, la idea era comer en un restaurante con piscina. Habíamos pasado mucho calor, así que elegimos para la ocasión el restaurante del complejo Oasis Los Gigantes, que contaba con una piscina con toboganes (a los niños les chifla) y unas preciosas vistas a los acantilados.

Acantilados de los Gigantes

Aparcar allí cerca fue bastante complicado, por lo que nos vimos obligados a dejar el coche en el club naútico, muy cerca de allí. Tras dejar el coche vimos muchísimos puestos que ofertaban salidas en barco de todo tipo, en las que se anunciaba la posibilidad de vislumbrar ballenas y delfines. Nosotros no lo hicimos porque no teníamos tiempo y porque además, vista una experiencia previa personal avistando cetáceos, creíamos que no valía la pena.

La entrada al complejo Oasis los Gigantes es bastante cara: diez euros por adulto y 5 por niño, más el precio de las hamacas, esto último obviamente opcional, por el simple hecho de usar el recinto. A pesar del precio, nosotros lo pasamos muy bien allí, por lo que no nos arrepentimos.

El restaurante, a diez/quince metros de las piscinas, ofrece menús enfocados a extranjeros, alejados de la comida típica canaria. No faltaba la oferta de paella, pizzas, hamburguesas y casi todo lo que te pudiera apetecer. Era tarde, teníamos hambre y muchas ganas de bañarnos por lo que no perdimos demasiado tiempo allí dentro. Algo rápido para saciar el apetito y de vuelta a las piscinas.

El local cerró rápido, lo que nos extrañó un poco, pues todavía quedaban muchas horas de luz. Parece ser que los fines de semana, también hay fiestas nocturnas y hay que dejar tiempo para acondicionar el local.

No teníamos ganas de volver a casa tan pronto, así que decidimos marcharnos a las piscinas naturales de Los Gigantes para acabar la tarde. Fue una idea excepcional. El mar estaba muy tranquilo, la temperatura era idónea y casi no había gente, por lo que pudimos disfrutar de un tranquilo y bello atardecer. Esta opción surgió al momento, pues no la teníamos planificada con antelación. El resultado fue óptimo y sería algo que recomendaríamos a todos aquellos que vayáis por la zona.

 

 

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