Museo Príncipe Felipe

El Museo de las Ciencias Príncipe Felipe es quizás el mejor Museo que uno puede encontrar en la ciudad de Valencia, al menos para todos aquellos, que sientan pasión por el mundo de la Ciencia.

Museo Príncipe Felipe
Museo Príncipe Felipe

Forma parte del Complejo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, junto a otros edificios emblemáticos como el Hemisférico, Oceanográfico, Palacio de las Artes Reina Sofía y Ágora, que en conjunto constituyen una de las grandes construcciones de arte moderno del mundo entero y el mayor reclamo turístico de la ciudad de Valencia.

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Cohetes de hoy y mañana

Está ubicado en los jardines del Turia, el viejo cauce del río Turia, que se convirtió en jardín tras la riada de 1957. Su aspecto exterior es similar al de un esqueleto de dinosaurio. Ocupa alrededor de 40.00 metros cuadrados de superficie repartidos en tres pisos. Los horarios varían según sea temporada baja, media o alta, por lo que recomiendo que se consulte la web antes de visitarlo, así como para conocer los precios y posibles ofertas que haya en forma de packs, descuentos, etc.

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Exposición “Amueblando el hábitat”

Destaca por su alto grado de interactividad en todos los puntos, pudiendo experimentar muchas sensaciones diferentes, todo ello acompañado por una acertada descripción científica del por qué ocurren los fenómenos de esa forma.

Todos los puestos dentro del Museo son excelentes y dignos de visita por lo que uno puede dedicar un día entero a mirar con detalle cada uno de ellos y experimentar con temas científicos.

Tanto los adultos como los niños están abiertos a descubrir e interactuar dentro del museo, aunque obviamente hay lugares más o menos adecuados según la edad de cada uno.

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La madera: una alternativa ecológica

Nosotros fuimos con nuestros hijos de 3 años y un bebé de 8 meses y dedicamos la mayoría del tiempo a una zona destinada especialmente para los más pequeños, “L’espai dels xiquets” (El espacio de los niños). Es un espacio dedicado a niños de entre 4 y 7 años en el que juegan y participan en la construcción de una casa inacabada y experimentan sobre los sentidos, el agua, los animales.

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L’espai dels xiquets

En esta exposición se hace énfasis en el trabajo cooperativo de forma lúdica, tan de moda hoy en las escuelas. De esta forma inducen a situaciones de comunicación entre iguales, estimulado las relaciones entre los niños.

En la casa inacabada, ataviados con un casco y una chaqueta típica de los trabajadores de una obra, tratan de construir (y destruir) una casa con ladrillos de goma, utilizando grúas, carretillas, y otros aparatos de transporte. Pronto se siente la interacción entre ellos, ya que, incluso sin conocerse, establecen relaciones para abrir las barreras y dejar paso a los transportistas, para cargar de ladrillos las carretillas que otros mueven, potenciando en definitiva el trabajo en equipo y la colaboración entre ellos para jugar y construir la casa.

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La casa inacabada

En la zona de los sentidos, se introduce a los niños en la percepción del mundo a través del tacto, olfato, vista, etc. A través de estos deben observar y percibir sensaciones a través de juegos en los que utilizan sus órganos sensoriales para relacionarse con los demás y con el mundo que les rodea. Un ejemplo de esto fue un juego donde debían meter la mano en un habitáculo y a través del tacto reconocer el objeto que tocaban, otro donde debían adivinar de qué sustancia se trataba valiéndose únicamente del olfato, etc.

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Explorando los sentidos

En la zona dedicada al agua, los niños comprueban la flotabilidad de unos barquitos, formando corrientes de agua y observando como la fuerza de esta es capaz de mover determinados objetos. En un depósito de agua, accesible para su altura, los niños observan como fluye el agua por unos canales, mientras añaden agua con cubos para aumentar la corriente, al tiempo que observan como algunos objetos flotan y otros no.

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Canales de agua

En la zona de animales, se enseña al niño a reconocer los animales, su forma de vida, alimentación y hábitat en el que viven algunos animales reales como peces o conejos. Además, hay recreaciones de animales, pudiéndose hacer una foto divertida en la bolsa marsupial de un canguro, formar parte de una tortuga o introducirse en un escorpión y mover sus pinzas.

Durante nuestra estancia hubo una exposición de dinosaurios que mostraba la increíble historia de la tierra durante la época del Mesozoico, bastante completa e interesante. Pasamos un rato entretenido allí también.

Una de las partes más interesantes a mi juicio del museo es la conocida como La Ciencia a Escena, Se trata de un conjunto de talleres, cuyo objetivo es divulgar la Ciencia de forma lúdica, sin renunciar al rigor científico. Hay multitud de talleres diferentes pero todos son para niños de una edad superior al nuestro. Con 4 años ya pueden participar en uno de ellos, el conocido como “Científico por un día”. Las sesiones son a 3,50 euros, no siendo necesario entrar al Museo, siendo la duración de unos 45 minutos la demostración y 90 minutos el taller. Otros talleres que había el día que nosotros fuimos eran “Frío, Frío”, “Horror al vacío”, “Magia Química”, “aLUZina”, “Al rojo vivo”, “Robots”, “Sonidos”, “Micrarium” y “Moléculas sabrosas”, todos ellos a partir de 8 o 12 años. Si estáis interesados en alguno en concreto, en la web del museo dan una explicación detallada de en qué consiste y la edad de los niños a la que va dirigido.

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La madera: una alternativa ecológica

El museo también ofrece visitas guiadas para grupos, por 75 euros el guía (máximo 20 personas). Estas visitas duran 90 minutos aproximadamente y disponen de 3 horarios al día 10:30, 12:15, 16:15 y 18:30 (esta solo en temporada alta).

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