Camel Park (Tenerife)

camel park

La primera mañana del viaje la dedicamos a la interacción con animales. Habíamos visto dos empresas que nos permitían subir en camello y tras ver pros y contras, al final nos decantamos por Camel Park, ubicada en el sur de la isla, en concreto en Arona. Desde allí a apenas 5 minutos, teníamos la segunda parada del día en Monkey Park.

Camel Park

Antes de ir sabíamos lo que íbamos a ver, una “turistada” en plena regla, pero a los peques les hacía ilusión subir y pasear en camello, así que hacia allí fuimos para vivir, lo que a la postre sería uno de los días que más recordaron de nuestra estancia en la isla.

Camel Park ofrece diferentes packs, que podéis valorar en la propia página web del establecimiento y que van desde un simple paseo (de 20 o 40 minutos), hasta el pack completo con paseo, más foto, plátanos ecológicos para consumo propio o para dar a los animales y un pequeño aperitivo.

Dado que la diferencia económica entre los packs no era muy alta, optamos por el pack completo con paseo de 20 minutos.

Camel Park

Tras el pago, nos invitaron a dar un paseo por la granja, que aprovechamos para dar de comer a las cabritas (ramas de árboles que había por allí), mientras esperábamos a la llegada de los camellos. Muy amablemente, después, nos dejaron hacernos una foto con los camellos sujetando las sogas.

Camel Park

Llegado el momento del comienzo nos permitieron elegir entre subir en unas sillas que había a ambos lados del camello o bien hacerlo en su joroba. Para hacerlo nos íbamos colocando en unas pasarelas por las que iban pasando los camellos sucesivamente.

El paseo lo hicimos en los alrededores del recinto. Fue bastante soso, pues en primer lugar los camellos iban amarrados unos a otros en grupo de 6, con lo que iban bastante despacio, y además eché en falta algún tipo de explicación durante el recorrido. No nos hablaron de nada relacionado con ellos, o de la escasa vegetación que íbamos observando en nuestro camino. Así transcurrieron los 20 minutos hasta que llegamos de vuelta al recinto.

En este momento se nos sirvió el aperitivo (una jarra de sangría, otra de algún tipo de refresco de naranja y unos frutos secos). Además, a cada niño le dieron dos plátanos que utilizaron para alimentar al burro y a las cabras.

Si tuviera que recomendarle a alguien la experiencia, lo haría, aunque creo que con el simple paseo de 20 minutos hubiera sido suficiente, pues puedes alimentar a los animales con ramas de los árboles viviendo la misma experiencia que dándoles plátanos. Además, el aperitivo es un poco flojito.

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