Colmar con niños

Tras una intensa mañana en la “Montagne des Singes” nos dirigimos hacia Colmar, el lugar donde teníamos el alojamiento. Íbamos a dedicar la tarde a la visita de este precioso pueblo de la Alsacia francesa, del cual teníamos unas extraordinarias referencias.

Nada más llegar procedimos a dejar todo el equipaje en los Apartamentos Colmar Center. Era un poco tarde, así que rápidamente bajando por la calle de las panaderías (rue de las boulangeries) encontramos un restaurante cerca de la catedral. Allí dimos de comer a los niños. Estaban muy cansados del madrugón, así que se durmieron enseguida. En este restaurante descubrimos que una de las especialidades de la Alsacia son las tartes flambées, una especie de pizzas finas a las que se les añadían diferentes tipos de productos. No dejéis de probarlas si tenéis la oportunidad.

Entre el calor que hacía, la cantidad de gente que había, el hecho de que estábamos hambrientos y el cansancio que también hacía mella en nosotros, comenzamos a ver Colmar con un mayor desagrado del que esperábamos. A esto contribuyó el hecho de que, rodeando la catedral, pusieron el típico mercadillo con calzoncillos, ropa a 5 euros, zapatos, etc., que daba una pésima imagen de la catedral y los alrededores. Esto era un sábado. No sé si el mercado solo está este día o es algo que ocurre diariamente. Parecía que Colmar era más bonito en las fotos.

Catedral Colmar
Catedral Colmar

Catedral Colmar

Desde la catedral, dirigiéndote hacia abajo por la calle de los curtidores (rue des tanneurs), llamada así por el oficio de las personas que se instalaron por la barriada, comenzamos a ver un conjunto de casas de madera preciosas.

Colmar con niños Colmar con niños  Colmar con niños

Cerca de allí encontramos el barrio de los pescadores (quai de la poissonnerie), en el que destacaban las coloridas casas. Es sin dudad una de las zonas más pintorescas de la ciudad.Colmar con niños

Si continuas andando por esa zona comenzarás a ver carteles con ofertas que te dirigen a diferentes embarcaderos para dar un pequeño paseo en “góndola” similar a las que hay en la Venecia original. En este caso los gondolieri no cantan y van con la ayuda de un pequeño motor, que les facilita el trabajo. Los paseos valen 6 euros en todos los lugares y son gratuitos para niños. Salen cada 5 minutos, por lo que no hay ningún problema de colas. Alternativamente se van sucediendo paseos con explicación en alemán, francés o inglés. Puedes apuntarte a uno en concreto si lo deseas, aunque las explicaciones son bastante escuetas.

Cartel informativo
Colmar con niños
Embarcadero
Colmar con niños
Embarcadero

Paseando por esta zona, conocida como “The Little Venice”, uno comienza a advertir el atractivo de Colmar. Además, el pueblo comienza a vaciarse de gente, y el encanto de pasear por las calles estrechas va en aumento conforme pasa el tiempo. En the Little Venice vemos uno de los restaurantes más caros de Colmar, el Jys. Solo asomarse a la carta de precios del local, te das cuenta de lo selecto que es.

Colmar con niños
Restaurante Jys

Colmar con niños Colmar con niños Colmar con niños Colmar con niños

De vuelta a casa ocurre lo mismo. Los restos del mercado han desaparecido y la catedral se muestra en todo su esplendor. Además, Colmar está muy bien iluminada y todo esto le da un aire romántico. Conforme vas caminando vas viendo lugares que promocionan los vinos de la Alsacia. Nosotros no pudimos disfrutar de degustar ninguno de ellos con tranquilidad. El tiempo apremiaba y se estaba haciendo tarde.

Colmar con niños

Aprovechamos para cenar allí. Hacía un tiempo estupendo y apetecía aprovechar la noche para disfrutar de Colmar, así que nos quedamos en uno de los restaurantes que había por el centro del pueblo.

Colmar con niños

En Colmar los horarios, al menos el sábado que nosotros estuvimos allí, los horarios para comer y cenar no existen. En muchos lugares de Francia son bastante escrupulosos con este tema, cerrando cocinas muy pronto comparado con España. Allí no ocurrió lo mismo. Comimos sobre las 15:30 y en el restaurante en el que estábamos, había gente que se sentaba a las 22:30 para cenar. Sin duda, sería demasiada concesión cerrar tan tarde con tanta gente dispuesta a gastar su dinero en los restaurantes de allí.

Llegó la hora de acostarnos. Al día siguiente teníamos la siguiente aventura. Una apetecible visita al Parque de “El petit Prince”. ¡Qué ganas teníamos!

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