Madurodam

Madurodam

Habíamos visitado Madurodam hacía unos años, sin embargo,  nuestra visita no tuvo nada que ver con lo que volvimos a vivir, pues solo ver la cara de entusiasmo de los niños al ver los movimientos de los vehículos o las atracciones interactivas hizo que lo disfrutáramos de una forma muy diferente.

A la llegada a Madurodam, en La Haya, aparcamos el vehículo en el parking de las instalaciones. El precio del parking es de 8’50 euros, algo caro pero muy cómodo.

Una vez dentro del recinto pagas las entradas.  A nosotros nos costaron 15’50 euros cada una (el niño de 2 años no pagaba). Junto al ticket de entrada te dan una tarjeta interactiva que te servirá para dos cosas: la primera para poder ver videos en algunas de las zonas (existe opción en español) y la otra para recibir fotografías a través de correo electrónico. A tu llegada, con la compra de entradas te solicitaban el correo electrónico y lo asociaban a la tarjeta, de manera que a la salida, tirabas la tarjeta en un buzón y las fotos te llegaban al correo electrónico.

A la entrada del parque puedes optar por dos opciones, escuchar y visionar un primer video que te explica los orígenes del parque (en holandés y en inglés subtitulado) o pasar de largo y dirigirte directamente a donde están las miniaturas. Nosotros escogimos la primera opción. Duraba solo 5-10 minutos y en ella te explicaban quién fue George Maduro y cómo a raíz de su importancia como miembro de la resistencia holandesa y lucha contra el ejército nazi, tras su muerte en un campo de concentración, su familia decidió la creación de este parque en su honor.

El parque simula una pueblo holandés cualquiera. Está a escala 1/25 y a lo largo del tiempo, desde su creación, se han ido añadiendo diferentes tipos de edificios y lugares emblemáticos de Holanda. Para los extranjeros que como nosotros no estamos muy familiarizados con estos, nos llamó mucho la atención la construcción en general, aunque lo deslucía un poco el no reconocer prácticamente nada de lo que estábamos viendo.

A rasgos generales dentro del parque podemos ver:

Pantallas y atracciones interactivas

Nada más entrar observamos la primera de ellas. Con un sistema de poleas intentas tirar de una cuerda para ver cuánto queso (pesos) puedes levantar. Hay cuatro zonas (1,2,3 o 4 quesos). Al lado también hay una báscula que te hace una equivalencia entre tu peso y la cantidad que pesarías en queso. Nosotros entre 3 y 4 quesos, los niños entre 1 y 2. Esta resultó muy curiosa para los niños, no así el segundo ejemplo que os ponemos y que vimos más hacia delante, una pantalla en la que veías una pintura y tenías que identificar el pintor holandés que la había hecho. Nosotros no teníamos ni idea y los niños menos todavía…

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Videos explicativos

Que se accionan con la tarjeta que te dan a la entrada y que puedes escuchar en español. Fue curioso como se vanagloriaban en uno de ellos de la cantidad de verdura y fruta que produce y exporta el país. Esto contrastaba mucho con la comida ofertada en sus restaurantes, todo comida rápida por no llamarla de otra forma.

Atracciones de pago 

Hay algunas atracciones que para que funcionen en su esplendor hay que pagar. El pago normalmente es simbólico. Muchas con una moneda de 10 céntimos funcionaban. Así, pudimos ver por ejemplo como una procesión se ponía en marcha, cómo funcionaba un parque de atracciones, etc. No siempre tienes que poner tú el dinero. Hay muchos turistas y unas veces te toca a ti y otra a otros.

Atracciones de pago con “regalo”

Son sin duda las más atractivas. Por citar algunos ejemplos, la de un taller de zuecos, en el que introducías un euro y se oía el ruido de martillos, al que le seguía un camión que salía del taller transportando unos zuecos pequeños de regalo. En otra de las zonas, era un cochecito el que salía con un pin. Estas atracciones eran más caras (1 euro).

Proyecciones

Algunas en las que podías elegir entre inglés y holandés, como Nieuw Amsterdam en la que te sentabas en torno a una mesa y te hacían retroceder en el tiempo para conocer la Nueva Amsterdam del siglo XVII, otras que solo se ofrecían en inglés, como una de fútbol en la que te recordaban el triunfo holandés en la Eurocopa del 88 y que terminaba con unos juegos donde los niños podían pegar unas patadas al balón afinando su puntería.

Parque infantil

Junto a uno de los restaurantes hay un pequeño parque infantil con columpios y toboganes sobre la arena.

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Restaurantes

Hay dos. Nosotros comimos en uno de ellos. No hay demasiada variedad. Comida rápida a base de hot dogs, patatas fritas y cosas similares. El restaurante cierra pronto. A las 16:00 ya no se puede acceder.

Puestos de fotos

En algunas zonas puedes hacerte fotos en 3D (máximo 2 personas) que luego te mandan por correo electrónico si tienes activada tu tarjeta (hay 5 puntos a lo largo del parque muy bien indicados en el mapa que te dan donde se puede activar).

Juegos

Donde los niños pueden por ejemplo intentar mantener un avión en el aire moviendo dos botones, hacer puzzles con figuras dentro del agua, mover barcos a través de canales de agua (¡nuestro peque acabó chopado!)

Las miniaturas

Las miniaturas son una maravilla. A los niños les llama mucho la atención sobre todo el movimiento de los barcos, que circulan por rieles casi invisibles, el de los trenes que se mueven sin parar y el de los camiones, que describen movimientos circulares sin nadie que los dirija.

Y ¿cuánto tiempo calculamos para estar allí? Pues a grandes rasgos podría decir que se puede ver todo en un par de horas. Sin embargo nosotros llegamos allí sobre las 10:30-11:00 y no nos fuimos hasta que cerraron el parque. Si comes allí y pasas un rato en el parque, como fue nuestro caso, el tiempo se te pasa volando. Además, deciros que en caso de horario limitado es mejor que vayáis por la tarde, pues hay muchísima menos gente y todo se observa con mejor detalle y sin demasiada gente alrededor. 

 

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