La cueva del viento: visita a un tubo volcánico

Preparado para entrar
Preparado para entrar

La visita a la Cueva del Viento, en Icod de los Vinos, nos pillaba también bastante cerca de nuestro alojamiento. Habíamos reservado las entradas con antelación, pues sabíamos que había pocas a la venta y que se agotaban fácilmente, especialmente en verano. Las condiciones de la entrada a la cueva eran contar al menos con un mínimo de 5 años de edad, por lo que nuestro hijo pequeño no podía hacerlo. Así que reservamos tan solo 2 entradas para mí y el mayor, mientras la mami se acercaba con el peque a una de las calas de allí cerca, que nosotros visitaríamos por la tarde.

El punto de encuentro era el Centro de Visitantes, al que se nos pedía llegar al menos con 15 minutos de antelación. Llegamos con tiempo de sobra, como el resto de personas de nuestro grupo, lo que hizo que empezáramos con un poco de adelanto.

Antes de marchar hacia la cueva, nuestro guía nos contó algo de la historia de este tubo volcánico, el mayor de la Unión Europea, al que solo le superan algunos tubos volcánicos de Hawai. Nos explicó su origen, formado por la lava que caía del Pico Viejo, un volcán al lado del Teide con el que nos habíamos fotografiado algunos días anteriores, aprendimos el significado de la lava Pahoe-hoe, etc. La explicación me pareció muy interesante. El guía interactuaba con nosotros y realmente aprendí mucho sobre lo que íbamos a ver. Al peque, a pesar de no ser mucho tiempo, se le hizo un poco largo. Quería ir a la cueva lo antes posible.

Una vez finalizada la explicación nos dirigimos en unos 4×4 dirigidos por el guía y uno de sus compañeros hacia la cueva. Aparcamos a unos 200-300 metros de la misma y desde allí emprendimos camino hacia la cueva. Antes de llegar nos mostró que la cueva no está cubierta en su totalidad. Caminamos por un campo de lavas que habían formado el tubo volcánico mientras adivinábamos el tipo de lava que las había formado (¡habíamos aprendido mucho ya). Seguimos por un antiguo camino real hasta la entrada de la cueva.

Parking para el vehículo
Antiguo camino real
Antiguo camino real
Parte de la cueva descubierta
Lava pahoehoe
Lava pahoehoe

Llegaba el momento esperado, la entrada a la cueva. El tramo visitable es muy corto. Para entrar nos pusimos un casco con luz eléctrica. Dentro no hay iluminación artificial por lo que se hace necesario para poder ver algo. Pronto vimos la dificultad para andar por allí, debido a la rugosidad del terreno. En ese momento comprendí la razón por la cual está limitada la entrada a niños a partir de 5 años de edad.

Preparado para entrar
Preparado para entrar

En las paredes hay paneles explicativos y se observan diferentes formaciones realizadas por la lava. Resulta curiosa la ausencia de estalacticas y estalagmitas, típicas de cuevas por las que pasa agua. Aquí, al ser formadas por lava no existen. Aprendimos también que en esa cueva no viven murciélagos. No hay eco y los murciélagos se orientan a través de ondas sonoras que chocan contra las paredes. Allí no podrían orientarse y por tanto no pueden vivir. Sin embargo hay multitud de vida microscópica. Por eso se nos pidió que no tocáramos nada, pues podríamos dañar el medio ambiente .

Cueva del viento
Cueva del viento
Cueva del viento
Cueva del viento

Durante un momento de la visita, sentados en una especie de galería, se nos pidió que apagáramos la luz de nuestras linternas y durante un minuto, en continuo silencio, imagináramos cómo sería la vida de todos aquellos seres vivos que habitan allí en ausencia completa de luz. ¿cómo son estos seres? ¿cómo pueden vivir y alimentarse? ¿de qué color son? El guía nos preguntaba para que nosotros pensáramos las respuestas. Sin duda fue un momento que disfrutamos mucho. La humedad era altísima y la temperatura algo baja. Sin luz, las plantas no pueden realizar la fotosíntesis, por tanto no hay plantas verdes.

Para sobrevivir a estas circunstancias de ausencia de luz y dificultad de alimento, las especies de la cueva han tenido que evolucionar y adaptarse a las condiciones. Esto ha hecho que prescindan de órganos innecesarios. ¿Para qué quieren ojos si no pueden ver? Algunos animales pierden la visión o sufren decoloraciones del cuerpo como la desaparición de la pigmentación, pues esta no es necesaria si no hay luz del sol.

Otra particularidad que nos trasladaron era la existencia de insectos troglobios, de los que habitan exclusivamente en las cuevas. Los estudios permitieron descubrir especies troglobias desconocidas en Canarias como la cucaracha sin ojos o nuevos tipos de escarabajos, los cuales no podrían sobrevivir fuera de la cueva.

De forma paralela a el atrofiamiento de algunos sentidos, se desarrolla la potenciación de otros, mejorando el olfato o el tacto, sentidos que les pueden servir más en la búsqueda de alimento.

Una vez fuera, volvimos de camino al coche. El guía seguía contándonos cosas. Entre otras la capacidad del pino canario para defenderse del fuego. Son pinos que no se queman, solo se ennegrecen y en escaso tiempo vuelven a su color original. Alucinante, ¿no?

El guía nos pidió unos segundos más a nuestra llegada al Centro de Visitantes. Solo ahora que habíamos estado dentro y habíamos aprendido tanto, seríamos capaces de entender la última explicación.

Fue una visita inolvidable, más por lo aprendido que por la experiencia en sí dentro de la cueva. Aprender siempre es una fuente inagotable de placer.

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