Sendero de los Sentidos de Anaga (Tenerife)

El día nos obligaba a madrugar pues teníamos que ir al norte de la isla, en concreto al macizo de Anaga. Anaga es sin duda uno de las citas obligadas si te gusta la naturaleza, pues es reserva de la Biosfera. A nosotros nos encanta, así que teníamos este destino subrayado en rojo, a pesar de encontrarse bastante lejos de nuestro alojamiento.

Buscando información dimos con una ruta que nos encantó. Se trataba del Bosque encantado (Sendero Pijaral). Solo había un pequeño problema. El acceso al mismo, al igual que al Monte Aguirre estaba restringido. Solo se permite 45 senderistas al día. Nosotros, cuando quisimos reservar en el Cabildo de Tenerife nos dimos cuenta de que estaba todo agotado. Normal, era agosto y la demanda por esas fechas es enorme. Si tenéis interés en ir, reservad con mucha antelación.

Por suerte, las opciones que te proporciona Anaga son incontables, así que nos propusimos hacer una ruta que pudiéramos hacer en familia y que el peque de 3 años pudiera hacer en su totalidad.

Una vez en el coche emprendimos camino a Anaga a través de una carretera bien señalizada. El punto de origen de la ruta era el Centro de Visitantes de la Cruz del Carmen (carretera de las Mercedes km 6 La Laguna). Al llegar allí nos dimos cuenta que a pesar de ser pronto, el parking estaba abarrotado. Es muy pequeño y prácticamente la mitad de él está destinado a autobuses. Nosotros aparcamos a duras penas cerca del aparcamiento, pero no dentro de él, con la esperanza de que al volver, siguiéramos teniendo el coche allí.

Desde el aparcamiento, bajando unas escaleras accedes al Centro de Visitantes, al que entramos más por rutina que por necesidad pues llevábamos la ruta muy bien marcada desde casa. La cola era larga y el tiempo que se empleaba en las explicaciones elevado, así que nos dimos media vuelta y decidimos ir a lo nuestro.

Al volver al aparcamiento vimos un pequeño mirador, donde la mayoría de la gente se hacía unas fotos. Nosotros no íbamos a ser menos. La verdad es que las vistas eran espectaculares.

Anaga

Justo enfrente de las escaleras por las que se accede al Centro de Visitantes observamos muy bien señalizado el acceso al Sendero de los Sentidos. El camino también está muy bien señalizado, aunque las indicaciones son en ocasiones confusas. De todas formas no tiene perdida, así que disfrutamos de una ruta muy cómoda y tranquila.

Anaga Anaga

Hay que comenzar destacando que el Sendero de los Sentidos en realidad está formado por 3 pequeñas rutas:

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Ruta 1

Es muy cortita y de baja dificultad. De hecho está adaptada para personas con movilidad reducida. El desnivel es prácticamente inexistente. En total unos 340 metros de distancia, en forma de L (una pasarela y una pequeña terraza final), que se recorren muy fácilmente.

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Ruta 2

Se trata de una ruta circular donde se aprecia la erosión del suelo por la caída del agua. También es corta y de baja dificultad. En total unos 540 metros de distancia, con un mayor desnivel de unos 20 metros, que se aprecia más en la vuelta, ya que es cuesta arriba. Durante el camino se observa que este tramo forma parte de un antiguo camino real. A nosotros nos sirvió para hablar de la Edad Media a los peques en conexión con lo que habían trabajado en el Colegio.

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Ruta 3

Otra ruta circular que pasa por el Mirador del Llano de los Loros, desde donde puedes hacer unas bonitas fotos del Barranco de Tahodio con un pequeño embalse e incluso parte de la ciudad de Santa Cruz y su puerto. En esta, la longitud es mayor (1352 metros con un desnivel de 100 metros).

Anaga

Las 3 rutas se pueden hacer con niños. De hecho, nosotros hicimos las tres, acabando los peques, eso sí, un poco cansados.

El nombre de Sendero de los Sentidos viene porque el recorrido está marcado con una serie de paneles, en los que aparecen imágenes de una nariz, un ojo, una oreja o una mano, que nos indican qué sentido debemos utilizar en esa parte del camino para apreciar la naturaleza en su totalidad: el tacto de las cortezas de los árboles o el sonido de los pájaros son solo algunos ejemplos de lo que allí os podéis encontrar.

Con todo el calor que habíamos pasado, teníamos bastante hambre y ganas de refrescarnos. Por suerte habíamos elegido para la tarde el plan ideal: una visita a las playas del Norte.

Para ello, el coche debía estar en el sitio que lo habíamos dejado. Cruzamos los dedos y….¡estaba! Además, a ambos lados de la carretera se agolpaban los coches con la mitad de las ruedas en los arcenes y la otra mitad en la montaña. Es sin duda, lo único que se tiene que tratar de mejorar de este bello paraje natural.

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