Tenerife con niños

PLANEANDO EL VIAJE

Buscábamos un viaje bueno, bonito y barato. En año de Disney no estábamos para hacer muchos dispendios, así que elegimos el destino de Tenerife. La idea era buscar un vuelo barato y alojarnos en un piso de unos familiares, intentando reducir al mínimo los gastos, para poder hacer algunas excursiones. Tenerife nos proporcionaba todo lo que queríamos: naturaleza, playas, animales y en general, diversión asegurada.

LOS VUELOS

Tenerife, como sabéis, tiene dos aeropuertos, uno en el norte de la isla y otro en el Sur. El piso de nuestros familiares está en la Laguna, en la parte norte de la isla. Por ese motivo, sabiendo que nuestro lugar de salida iba a ser Alicante, teníamos dos opciones, que económicamente eran muy similares:

La primera, volar desde Alicante a Tenerife Sur y coger un coche allí que, tras una hora de viaje, nos llevara hasta la Laguna, en el norte.

La segunda, hacer escala en Madrid y desde allí volar a Tenerife norte, desde donde tardaríamos unos diez minutos en llegar a nuestro lugar de alojamiento. Esta fue la opción que elegimos.

ALOJAMIENTO

Como os he indicado arriba, la idea inicial era dormir en el apartamento de unos familiares, ubicado en la Laguna, pero por unos imprevistos surgidos no pudimos utilizarlo, así que tuvimos que buscar alojamiento de urgencia, que cumpliera con los requisitos que os habíamos comentado. Al final, teniendo en cuenta que la isla no es demasiado grande y que queríamos visitarla en su totalidad, optamos por no mirar la ubicación y sí el precio, así que conseguimos un verdadero chollo en Los Silos. Al final, dormimos diez noches allí, por el precio que hubiéramos pagado por un simple fin de semana en otro lugar de España.

El lugar era el Apartahotel Coral Los Silos (Edificios San Bernando). Al efectuar la reserva, nos llegó un e-mail con el contacto al que debíamos llamar a nuestra llegada, para que estuviera allí presente en el momento de esta y nos pudiera dar las llaves. Allí mismo se indicaba que si la llegada iba a ser con posterioridad a las 22:00 h, se cobraría un suplemento. No iba a ser nuestro caso, así que el precio quedó como habíamos acordado.

El apartamento estaba muy limpio, además de ser amplio y confortable. Por precio y comodidad, si el lugar está en una ubicación que para vosotros resulte idónea, os  lo recomendaría sin dudarlo.

ALQUILER DEL COCHE

Íbamos a recorrer la isla de arriba abajo, así que necesitábamos un coche de alquiler que nos facilitara poder ir donde quisiéramos a la hora que quisiéramos. Aconsejados por unos familiares isleños, nos decantamos por la local AutoReisen, que además de darnos un precio ajustadísimo para los diez días, nos ofrecía gratuitamente tanto el elevador como el asiento de niño que necesitábamos. Además, el coche tenía seguro a todo riesgo. Seguíamos con la política de precios bajos.

Al llegar nos informaron que nos daban un coche de una gama superior al escogido. El coche estaba limpio y a pesar de no contar con ciertas comodidades (los elevalunas traseros eran manuales por ejemplo), cumplió a la perfección con lo que esperábamos de él. Sin dudarlo, también recomendaría esta empresa si vais a visitar Tenerife y deseáis alquilar un coche.

 DÍA 1: Camel Park + Monkey Park + Playa del Duque y Piscinas del Norte

Camel Park

La primera mañana del viaje la dedicamos a la interacción con animales. Habíamos visto dos empresas que nos permitían subir en camello y tras ver pros y contras, al final nos decantamos por Camel Park, ubicada en el sur de la isla, en concreto en Arona. Desde allí a apenas 5 minutos, teníamos la segunda parada del día en Monkey Park.

Camel Park

Antes de ir sabíamos lo que íbamos a ver, una “turistada” en plena regla, pero a los peques les hacía ilusión subir y pasear en camello, así que hacia allí fuimos para vivir, lo que a la postre sería uno de los días que más recordaron de nuestra estancia en la isla.

Camel Park ofrece diferentes packs, que podéis valorar en la propia página web del establecimiento y que van desde un simple paseo (de 20 o 40 minutos), hasta el pack completo con paseo, más foto, plátanos ecológicos para consumo propio o para dar a los animales y un pequeño aperitivo.

Dado que la diferencia económica entre los packs no era muy alta, optamos por el pack completo con paseo de 20 minutos.

Camel Park

Tras el pago, nos invitaron a dar un paseo por la granja, que aprovechamos para dar de comer a las cabritas (ramas de árboles que había por allí), mientras esperábamos a la llegada de los camellos. Muy amablemente, después, nos dejaron hacernos una foto con los camellos sujetando las sogas.

Camel Park

Llegado el momento del comienzo nos permitieron elegir entre subir en unas sillas que había a ambos lados del camello o bien hacerlo en su joroba. Para hacerlo nos íbamos colocando en unas pasarelas por las que iban pasando los camellos sucesivamente.

El paseo lo hicimos en los alrededores del recinto. Fue bastante soso, pues en primer lugar los camellos iban amarrados unos a otros en grupo de 6, con lo que iban bastante despacio, y además eché en falta algún tipo de explicación durante el recorrido. No nos hablaron de nada relacionado con ellos, o de la escasa vegetación que íbamos observando en nuestro camino. Así transcurrieron los 20 minutos hasta que llegamos de vuelta al recinto.

En este momento se nos sirvió el aperitivo (una jarra de sangría, otra de algún tipo de refresco de naranja y unos frutos secos). Además, a cada niño le dieron dos plátanos que utilizaron para alimentar al burro y a las cabras.

Si tuviera que recomendarle a alguien la experiencia, lo haría, aunque creo que con el simple paseo de 20 minutos hubiera sido suficiente, pues puedes alimentar a los animales con ramas de los árboles viviendo la misma experiencia que dándoles plátanos. Además, el aperitivo es un poco flojito.

Monkey Park

Tras nuestra grata experiencia en nuestra visita a la Montagne des Singes en la Alsacia francesa, programamos una visita a Monkey Park, esperando encontrar algo similar. Aunque no tuvo nada que ver con aquello, nuestros peques lo pasaron genial. Aquí os damos los principales detalles de nuestra visita. Para información sobre horarios, precios, etc., podéis consultar su página web.

Monkey park, ubicado a unos 5 minutos en coche de nuestra anterior visita,  presenta a los animales enjaulados, en dos tipos de experiencias: una, meramente contemplativa en la que se pueden ver diferentes tipos de animales, principalmente simios, aunque también cocodrilos o tortugas. Desde fuera de las jaulas, señalizadas con “animales peligrosos”, puedes ver diferentes titis y monos en sus diferentes variantes (gorilas, chimpancés, etc.)

La segunda de las experiencias y por la que nosotros visitamos el parque fue la interactiva, es decir, mantener una relación directa con los animales. A la entrada del parque, junto al cartel donde se explica que no se debe alimentar a los animales con comida no autorizada, venden cajitas con diferentes tipos de verdura.

Como aspecto negativo decir que tal y como dice el nombre del parque, se suponía que íbamos a un parque de monos y la presencia de estos en las jaulas a las que se podía acceder fue mínima. Tan solo tuvimos contacto con uno. Los demás estaban en las partes altas de las jaulas, descansando. Había mucha gente, lo que unido a que era bastante tarde, provocó que los monos estuvieran supersaturados de comer, por lo que no se dejaron ver mucho.

Como aspecto positivo, decir que las tres primeras jaulas están repletas de cientos y cientos de cobayas, que comen verdura de tu mano y que incluso se acercan a tus manos en busca de cobijo y caricias. Allí, muchos niños descansaban en los bancos con una cobaya en sus manos, acunándolos y dándoles todo su amor y cariño. En las ramas de los árboles también pudimos ver bastantes iguanas, que amigablemente esperaban a que cualquier visitante le diera algo de verdura.

Por lo demás, pocas cosas más destacables de este lugar, pues es bastante pequeño, las jaulas están al sol, hay poca variedad de animales, etc. Sin embargo, y a pesar de las cosas negativas, la interacción con ellos hace muy feliz a los niños, que no quieren irse de allí hasta que se acaba la última verdura de la caja. El precio tampoco es excesivamente caro, así que si os sobra tiempo, una visita allí puede resultar atractiva para vuestros peques.

Tras una intensa mañana viendo animales, decidimos optar por un poco de playa, trasladándonos a la playa del Duque. Es una amplia playa, que cuenta con los servicios básicos y en la que nos divertimos un buen rato saltando las olas.

La comida la hicimos allí mismo. Aparcar cerca de la playa es complicado, así que optamos por hacerlo en el parking de un Centro Comercial que hay muy cerca. Elegimos una trattoría que tenía buena pinta. La comida estuvo bastante bien.

Tras unas divertidas horas allí, optamos por la vuelta a casa, parando antes en unas piscinas naturales que teníamos muy cerca del apartamento. En concreto, a unos cinco minutos en coche aproximadamente. Esto hizo que las visitáramos varios días, aunque curiosamente nunca nos bañamos en ellas, pues cuando íbamos era a primera hora de la mañana o última de la tarde y el tiempo no era muy bueno.

Esto fue algo que nos acompañó durante toda nuestra estancia. En el norte, el cielo solía estar encapotado y la temperatura era menor que en el sur, donde pudimos disfrutar de una climatología mucho mejor.

Volviendo a las piscinas, comentaros que las tres las podemos encontrar en una distancia de unos 100 metros. Es fácil aparcar en todas ellas, pues se encuentran en un terreno pedregoso al que pueden acceder los coches. Un camino que además, está repleto de autocaravanas cuyos usuarios pernoctan allí para disfrutar de la quietud y tranquilidad de amaneceres y atardeceres.

A nuestra llegada, observamos algo que nos llamó la atención. Era una especie de ave en gran tamaño hecha con material sacado del agua. Es increíble todo lo que los seres humanos lanzan al mar. Si no hay suficiente ya con las cosas que caen accidentalmente o movidas por los vientos… matrículas, plásticos, ¡de todo!.

El primer charco que nos encontramos es el Charco de la Araña, quizás el menos atractivo de los tres. En realidad, más que un charco es una especie de cala, con poca zona de arena que además queda bastante cubierta cuando sube la marea. Junto a ella y en la zona del paseo, un esqueleto de ballena da color al paisaje.

Un poco más adelante nos encontramos con el Charco de los Chochos. Nosotros, además del mal tiempo, encontramos mala mar, con lo que fue imposible bañarse. No obstante, si el tiempo acompaña, bañarse allí debe ser un auténtico placer.

Charco de los chochos
Charco de los chochos

El más alejado es el Charco de Don Gabino. Es un charco también de una grandísima belleza en el que las condiciones son similares al anterior (están muy cerca entre sí).

En definitiva una zona que, a pesar del mal tiempo, no conviene perderse.

Día 2: Piscinas de la Laguna (Bajamar y Punta Hidalgo-San Cristóbal de la Laguna)

El segundo día teníamos planeado visitar La Laguna, así que antes de hacerlo y dada la cercanía respecto a esta, fuimos a pegarnos un baño en las piscinas naturales de Punta Hidalgo.

Punta Hidalgo y Bajamar están separadas por una distancia de apenas unos 5 minutos en coche y según nos contó gente de la zona, son bastante parecidas entre sí, por lo que no perdimos tiempo en visitar ambas.

Teníamos que recoger a un familiar en la Laguna, así que aprovechamos para llegar allí pronto y desayunar en Makika&Co. Es un sitio similar a algunos que conocemos en Valencia tipo “La más bonita”. Puedes tomar deliciosos desayunos que incluyen zumos de todo tipo, diferentes clases de pan y como no, cualquier tipo de café, incluyendo el barraquito o el leche leche, tan típicos de la isla.

De allí nos fuimos a Punta Hidalgo. Llegamos sobre las 12:00 de un domingo. No hace falta que os cuente el tiempo que tardamos en aparcar. Hay mucha zona de aparcamiento, pero había poco movimiento a esas horas.

Las piscinas de Punta Hidalgo son muy turísticas. Cuentan con servicio de socorrista, baño y duchas lo que no es frecuente en este tipo de lugares.

Tras un refrescante baño nos fuimos a comer a San Cristobal de la Laguna. Elegimos para la ocasión, recomendados por nuestro familiar, un pequeño restaurante llamado “El jinete sin cabeza”. En el restaurante apenas caben 4 o 5 mesas y tienen un horario no demasiado extenso, por lo que si queréis probarlo, deberéis reservar con bastante antelación. La comida es exquisita, aunque la carta no es demasiado extensa. Elegimos para comer un vino tinto canario, que estaba bastante bueno. En definitiva, un buen restaurante donde pasamos un rato agradable.

La tarde la dedicamos a pasear por el centro histórico de la Laguna. La idea inicial era visitar el Museo de la Ciencia y el Cosmospero nos quedamos sin tiempo, así que nos limitamos a callejear por las tiendas y puestos del Centro, además de visitar la catedral y diferentes iglesias. En el centro casi todas las calles son peatonales, lo que permite pasear con mayor tranquilidad cuando vas con niños pequeños. 

La tarde se nos fue casi sin darnos cuenta, así que decidimos cenar antes de irnos para casa. Elegimos una Arepera llamada Punto Criollo (calle del Tizón nº6), que ofrecía multitud de combinaciones diferentes. Vimos muchos tipos de este restaurante durante nuestra estancia en la isla. Habíamos probado las arepas con anterioridad pero lo que nos llamó la atención de esta arepería es que el pan estaba frito. El sabor era muy bueno, así que disfrutamos mucho la cena.

Desde allí, solo nos quedaba un breve paseo hasta el coche antes de emprender camino hacia el apartamento. Curiosamente, hacía mucho calor, lo que no es normal en San Cristobal de la Laguna, o al menos eso es lo que nos decían por allí.

DÍA 3 Teide + Acantilados de los Gigantes

El Teide

Para este día planeamos visitar el Teide por la mañana. En la búsqueda de información previa al viaje, vimos que una vez finalizado el desplazamiento en teleférico, había opción de realizar 3 rutas, dos más adaptadas para niños y una que te permitía tras unos 300 metros de ascensión, llegar a la cima del Teide, opción que no recomendaban para niños pequeños por su dureza.

Para esta última opción había que reservar con antelación pues el número de visitantes permitidos diariamente era bastante bajo. Nosotros preguntamos por esta opción en junio y ya no había disponibilidad para ninguno de los días en los que íbamos a estar. Al parecer, en julio y agosto, las entradas se suelen agotar pronto. Por suerte, tampoco era algo que pensáramos hacer, ya que tenía que subir con dos niños pequeños (la mami, embarazada, tenía prohibida la subida en teleférico) y no era plan subir 300 metros con el “peque” a cuestas. Así que el hecho de no encontrar disponibilidad, no alteró demasiado nuestros planes.

Vistas

Descartada la opción de ascender al Teide, estudiamos la opción de hacer la Ruta del Mirador de la Fortaleza (de unos 50 minutos ida y vuelta) o la Ruta del Mirador de Pico Viejo (unos 60 minutos ida y vuelta), cada una con sus puntos fuertes de observación.

El Teide a lo lejos

El marcado carácter familiar del viaje (durante nuestra estancia iban a unirse miembros de la familia, sin fecha concretada) hizo que no pudiéramos comprar los billetes del teleférico con antelación. Con frecuencia entrábamos en la web y apreciábamos que había disponibilidad para todos los días y todas las horas, por lo que no nos preocupamos demasiado. Este fue el gran fallo del viaje. Tras una hora de camino con el coche, llegamos a la estación del teleférico y tras aparcar bien, nos dirigimos a la taquilla donde vendían los billetes. Nada más llegar,  un cartel nos indicaba que todos los billetes estaban vendidos para el día. Según nos anunciaron en los meses de julio y agosto, sobre las 10:00 de la mañana, los billetes del día suelen agotarse, así que nos quedamos sin subir.

Teleférico

Planteamos la opción de volver otro día pero, finalmente valoramos el largo camino que habíamos realizado y lo que íbamos a ver, y decidimos ir a hacernos unas fotos con el Teide, el Pico Viejo y ver de cerca la lava, viviendo una experiencia bastante similar a la que nos esperaba arriba (máxime, por el hecho de que no podíamos subir con la mami)

Tarde en los Gigantes

Desde allí nos fuimos a los Gigantes, la idea era comer en un restaurante con piscina. Habíamos pasado mucho calor, así que elegimos para la ocasión el restaurante del complejo Oasis Los Gigantes, que contaba con una piscina con toboganes (a los niños les chifla) y unas preciosas vistas a los acantilados.

Acantilados de los Gigantes

Aparcar allí cerca fue bastante complicado, por lo que nos vimos obligados a dejar el coche en el club naútico, muy cerca de allí. Tras dejar el coche vimos muchísimos puestos que ofertaban salidas en barco de todo tipo, en las que se anunciaba la posibilidad de vislumbrar ballenas y delfines. Nosotros no lo hicimos porque no teníamos tiempo y porque además, vista una experiencia previa personal avistando cetáceos, creíamos que no valía la pena.

La entrada al complejo Oasis los Gigantes es bastante cara: diez euros por adulto y 5 por niño, más el precio de las hamacas, esto último obviamente opcional, por el simple hecho de usar el recinto. A pesar del precio, nosotros lo pasamos muy bien allí, por lo que no nos arrepentimos.

El restaurante, a diez/quince metros de las piscinas, ofrece menús enfocados a extranjeros, alejados de la comida típica canaria. No faltaba la oferta de paella, pizzas, hamburguesas y casi todo lo que te pudiera apetecer. Era tarde, teníamos hambre y muchas ganas de bañarnos por lo que no perdimos demasiado tiempo allí dentro. Algo rápido para saciar el apetito y de vuelta a las piscinas.

El local cerró rápido, lo que nos extrañó un poco, pues todavía quedaban muchas horas de luz. Parece ser que los fines de semana, también hay fiestas nocturnas y hay que dejar tiempo para acondicionar el local.

No teníamos ganas de volver a casa tan pronto, así que decidimos marcharnos a las piscinas naturales de Los Gigantes para acabar la tarde. Fue una idea excepcional. El mar estaba muy tranquilo, la temperatura era idónea y casi no había gente, por lo que pudimos disfrutar de un tranquilo y bello atardecer. Esta opción surgió al momento, pues no la teníamos planificada con antelación. El resultado fue óptimo y sería algo que recomendaríamos a todos aquellos que vayáis por la zona.

 

DÍA 4: Siam Park

Siam Park es el mayor parque de agua de toda Europa. Bajo esta premisa, teníamos claro, que con lo que nos gustan a nosotros los parques de agua, íbamos a visitarlo sí o sí. Junto a Siam Park, en la costa Adeje, hay otro parque acuático llamado Aqualand, mucho más modesto. La opción de visitar este otro parque la desechamos ya que no queríamos dedicarle más tiempo a este tipo de lugares.

Elegimos para la ocasión un lunes, intentando sortear en la medida de lo posible las colas, pero el hecho de ser agosto hizo que nos la pudiéramos evitar y que en los mejores toboganes tuviéramos que hacer colas de entre 30-45 minutos como mínimo, lo que a nivel personal, me desesperó un poquito.

Siam Park

La propia página de Siam Park te proporciona toda la información sobre entradas, precios, atracciones, restaurantes, etc., así que entendiendo que toda esa información la podéis encontrar allí y además, totalmente actualizada, me voy a centrar en contaros lo que más y menos nos gustó por si os puede servir de ayuda.

Lo que más nos gustó

Las entradas

Dado que el dueño de “El Loro Parque” y el de “Siam Park” es el mismo, son frecuentes las ofertas en las que te brindan la oportunidad de adquirir las dos entradas a un precio menor que si las compraras por separado. Como nosotros íbamos a ir a los dos parques, compramos las entradas de ambos sitios a la vez, con comida incluida (te abarataba el precio del menú del parque en un par de euros).

El aspecto positivo es que te incluía la entrada de 2 niños menores de 6 años, por lo que no tuvimos que pagar por ninguno de los peques. Este tipo de ofertas para familias no son solo atractivas, sino necesarias, para que una familia normal pueda llevar a sus hijos a sitios como estos, sin que ello suponga un auténtico sacrificio.

La ambientación

 Su ambientación rinde tributo a la arquitectura de este país asiático. Está muy cuidada y es cierto que, allí dentro, uno puede sumergirse en el universo de Tailandia. Además, está repleto de una vegetación exuberante, que embellece el lugar todavía más.

Siam Park

Las zonas infantiles

 No importa la edad que tengan tus hijos, en Siam Park habrá sitios donde se lo pasarán genial. Hay dos zonas infantiles, con toboganes para niños de todas las edades, en las que se pueden deslizar a través de los toboganes de todas las formas posibles, con flotadores individuales, por parejas o sin ellos. La edad de tus hijos no será excusa para no visitar este bonito parque acuático.

Siam Park

Lo que menos nos gustó

La comida

 Sabemos que estos no son sitios donde vayas a comer especialmente bien, pero en un lugar tan lujoso, se podría al menos ofertar un restaurante donde no todo sea comida rápida. Es cierto que la mayoría de gente quiere comer lo antes posible para seguir divirtiéndose, pero no lo es menos que no a todo el mundo le apetece lo mismo. Además, no está permitida la entrada de comida, por lo que tienes que acabar en alguno de los bares/restaurantes que hay por allí.

La desorganización en la salida de las atracciones

 En aquellas atracciones que funcionan con flotadores, la gente se agolpaba abajo a la espera de recoger el flotador de los que estaban más arriba. En lugar de delimitar el espacio con cintas o colas, la gente se iba almacenando con los consiguientes empujones, colándose unos a otros, etc., en una especie de ley de la selva, en el que los menos respetuosos se aprovechaban de aquellos que iban con niños pequeños y bastante tenían con preocuparse de que los pequeños también pudiera coger el flotador. He de decir, que este panorama solo lo percibí en alguna atracción, no siendo mayoritario, pero si que da mala imagen a un parque de tan alto status.

Dificultad de encontrar las atracciones

 El parque es muy grande y las atracciones están dispersas por lo que al principio cuesta un poco orientarte y llegar a las atracciones, máxime cuando vas a buscar algunas en concreto, condicionado por la altura mínima permitida. Eché en falta una mejor señalización de las mismas, aunque al final del día, ya éramos capaces de movernos por allí sin dificultad.

Siam Park

Otros aspectos de interés

 El parking

 A pesar de contar con un parking amplio, la cantidad de gente que hay en temporada alta hace que si no llegas pronto, puedas tener problemas para aparcar. Hay cerca un centro comercial donde puedes dejar gratuitamente el vehículo y llegar andando hasta allí. De todas formas, el mejor consejo es que lleguéis un poco antes de la hora de empezar.

Fast pass

 El fast pass es siempre una buena opción si quieres ahorrarte las colas. Nosotros no lo cogimos porque al ir con niños, no podíamos disfrutar de las mejores atracciones. Desde la larga cola, veíamos como mucha gente con pulseras (los socorristas iban tachando las atracciones en las que iban subiendo) nos iba adelantando por las colas rápidas. Si tu economía te lo permite, no lo dudes.

Los chalecos flotadores

 Lo destaco porque no lo habíamos visto antes. En algunos puntos del parque hay unos flotadores, a modo de chaleco para los más peques, lo que facilita la tranquilidad de los padres y el disfrute de los peques. Una muy buena idea que podría ser adoptada por otros parques acuáticos.

Siam Park

Día 5: 

Mañana: Anaga (Sendero de los Sentidos)

El día nos obligaba a madrugar pues teníamos que ir al norte de la isla, en concreto al macizo de Anaga. Anaga es sin duda uno de las citas obligadas si te gusta la naturaleza, pues es reserva de la Biosfera. A nosotros nos encanta, así que teníamos este destino subrayado en rojo, a pesar de encontrarse bastante lejos de nuestro alojamiento.

Buscando información dimos con una ruta que nos encantó. Se trataba del Bosque encantado (Sendero Pijaral). Solo había un pequeño problema. El acceso al mismo, al igual que al Monte Aguirre estaba restringido. Solo se permite 45 senderistas al día. Nosotros, cuando quisimos reservar en el Cabildo de Tenerife nos dimos cuenta de que estaba todo agotado. Normal, era agosto y la demanda por esas fechas es enorme. Si tenéis interés en ir, reservad con mucha antelación.

Por suerte, las opciones que te proporciona Anaga son incontables, así que nos propusimos hacer una ruta que pudiéramos hacer en familia y que el peque de 3 años pudiera hacer en su totalidad.

Una vez en el coche emprendimos camino a Anaga a través de una carretera bien señalizada. El punto de origen de la ruta era el Centro de Visitantes de la Cruz del Carmen (carretera de las Mercedes km 6 La Laguna). Al llegar allí nos dimos cuenta que a pesar de ser pronto, el parking estaba abarrotado. Es muy pequeño y prácticamente la mitad de él está destinado a autobuses. Nosotros aparcamos a duras penas cerca del aparcamiento, pero no dentro de él, con la esperanza de que al volver, siguiéramos teniendo el coche allí.

Desde el aparcamiento, bajando unas escaleras accedes al Centro de Visitantes, al que entramos más por rutina que por necesidad pues llevábamos la ruta muy bien marcada desde casa. La cola era larga y el tiempo que se empleaba en las explicaciones elevado, así que nos dimos media vuelta y decidimos ir a lo nuestro.

Al volver al aparcamiento vimos un pequeño mirador, donde la mayoría de la gente se hacía unas fotos. Nosotros no íbamos a ser menos. La verdad es que las vistas eran espectaculares.

Anaga

Justo enfrente de las escaleras por las que se accede al Centro de Visitantes observamos muy bien señalizado el acceso al Sendero de los Sentidos. El camino también está muy bien señalizado, aunque las indicaciones son en ocasiones confusas. De todas formas no tiene perdida, así que disfrutamos de una ruta muy cómoda y tranquila.

Anaga Anaga

Hay que comenzar destacando que el Sendero de los Sentidos en realidad está formado por 3 pequeñas rutas:

Anaga

Ruta 1

Es muy cortita y de baja dificultad. De hecho está adaptada para personas con movilidad reducida. El desnivel es prácticamente inexistente. En total unos 340 metros de distancia, en forma de L (una pasarela y una pequeña terraza final), que se recorren muy fácilmente.

Anaga

Ruta 2

Se trata de una ruta circular donde se aprecia la erosión del suelo por la caída del agua. También es corta y de baja dificultad. En total unos 540 metros de distancia, con un mayor desnivel de unos 20 metros, que se aprecia más en la vuelta, ya que es cuesta arriba. Durante el camino se observa que este tramo forma parte de un antiguo camino real. A nosotros nos sirvió para hablar de la Edad Media a los peques en conexión con lo que habían trabajado en el Colegio.

Anaga

Ruta 3

Otra ruta circular que pasa por el Mirador del Llano de los Loros, desde donde puedes hacer unas bonitas fotos del Barranco de Tahodio con un pequeño embalse e incluso parte de la ciudad de Santa Cruz y su puerto. En esta, la longitud es mayor (1352 metros con un desnivel de 100 metros).

Anaga

Las 3 rutas se pueden hacer con niños. De hecho, nosotros hicimos las tres, acabando los peques, eso sí, un poco cansados.

El nombre de Sendero de los Sentidos viene porque el recorrido está marcado con una serie de paneles, en los que aparecen imágenes de una nariz, un ojo, una oreja o una mano, que nos indican qué sentido debemos utilizar en esa parte del camino para apreciar la naturaleza en su totalidad: el tacto de las cortezas de los árboles o el sonido de los pájaros son solo algunos ejemplos de lo que allí os podéis encontrar.

Con todo el calor que habíamos pasado, teníamos bastante hambre y ganas de refrescarnos. Por suerte habíamos elegido para la tarde el plan ideal: una visita a las playas del Norte.

Para ello, el coche debía estar en el sitio que lo habíamos dejado. Cruzamos los dedos y….¡estaba! Además, a ambos lados de la carretera se agolpaban los coches con la mitad de las ruedas en los arcenes y la otra mitad en la montaña. Es sin duda, lo único que se tiene que tratar de mejorar de este bello paraje natural.

Tarde: Benijo

Ya en el coche buscamos la carretera que nos llevaba a Benijo. Ibamos a comer allí. Conforme íbamos llegando observamos unas calas preciosas. Estaban todas pegadas y por este orden vimos las calas de Taganana, Almáciga y Benijo. Conforme las íbamos viendo queríamos parar ¡ya! a pegarnos un baño. Era un poco tarde, así que la primera opción era buscar un sitio para comer. Entre todos escogimos la opción del restaurante “El mirador de Benijo”. Llamamos y reservamos sitio. Al final fue un verdadero acierto. En primer lugar porque el restaurante goza de parking propio y hacerlo en la playa de Almáciga era misión imposible. Además, la comida y el trato fue muy bueno, así que no tuvimos ninguna queja.

Benijo

La idea tras la comida era pegarse un baño en Benijo y luego hacer lo propio en Almáciga, pero la verdad es que estuvimos tan a gusto que nos quedamos allí toda la tarde. Almáciga se ve como una playa cerca de la cual hay muchos restaurantes, lo que quita un poco de belleza a la zona, aunque sin duda es otra opción a destacar.

Benijo

Desde el restaurante donde habíamos comido, unas escarpadas escaleras nos llevaban a pie de la playa. El camino nos dio para encontrarnos con decenas de lagartos de todos los tipos y tamaños. A la vuelta nos entretuvimos dándoles un poco de pan. Deben estar acostumbrados. Se acercaban hasta tu mano para cogerte la comida. No hace falta deciros lo bien que se lo pasaron los niños.

Benijo es conocido por la bravura de sus aguas. Nosotros íbamos un poco temerosos de bañarnos en mar abierto. ¡Eran tantas las precauciones que nos habían dicho que teníamos que tomar!. El caso es que nada más llegar vimos la bandera roja plantada en la playa. Allí aprendimos que era debido a que no había socorrista. Nos llamó mucho la atención. En el mediterráneo, a pesar de la tranquilidad de sus aguas, hay socorristas en casi todas las playas. No fue la última vez que estuvimos en una playa con bandera roja. Es cierto que es una isla y en cada rincón hay una cala o playa, pero dada la peligrosidad de las aguas, creo que debería ser obligatorio que hubiera socorristas.

Benijo

Por suerte, ese día el mar estaba muy tranquilo y los nervios e inquietud inicial fueron desapareciendo para hacernos disfrutar de una maravillosa tarde de playa bañándonos y revolcándonos por la arena negra. El tiempo pasaba y con tristeza llegaba el momento de la retirada. Vimos a muchísima gente que se quedaba allí con las cenas preparadas. ¡Qué envidia! ¿También se quedarían a dormir? No lo sabemos pero de lo que sí estamos seguros es de que recomendamos esta playa a todo aquel que visite Tenerife. El acceso no es cómodo pero sin duda vale la pena.

Benijo Benijo

Día 6: Mañana: Piscinas de El Caletón en Garachico

Garachico estaba ubicado a solo unos diez minutos de distancia de nuestro lugar de alojamiento. Era ese tipo de sitio que tienes tan cerca, que lo puedes usar como comodín el día que quieras.

Cada vez que pasábamos con el coche de vuelta a casa, observábamos con interés la enorme belleza de las piscinas naturales.

El día de probarlas había llegado. Ese día madrugamos como de costumbre, así que, esperando que saliera el sol, nos dirigimos a desayunar a un bar que teníamos por el camino. Una vez terminamos, condujimos hacia las piscinas. Era todavía pronto y la gente no había llegado. ¡Estábamos solos!, así que aprovechamos para hacer unas fotos antes de que se abarrotara de gente.

Antes de acceder hay un parque de Pocoyó, el famoso personaje de animación. Allí estuvimos un rato antes de sumergirnos en el mar.

Garachico Garachico

Del lugar en sí decir que hay muchas piscinas diferentes. En una hay un tobogán por donde los pequeños se tiraron unas cuantas veces, otra te permite realizar un salto desde bastante alto, etc. La más grande de todas estaba cerrada. El mar estaba bastante picado y bañarse allí podría ser peligroso.

Garachico

Garachico

Había un socorrista que nos habló del temporal que habían sufrido hacía poco, que había acabado con el bar que había a pie de las piscinas. Había una exposición temporal en las que se observaba claramente el antes, durante y el después de esas enormes tormentas. El Atlántico siempre te hace estar prevenido a la hora de bañarte.

En las piscinas observamos multitud de fauna. Había grandes cangrejos por todas partes, además de estrellas de mar y peces de diferentes tipos. Los niños alucinaban con lo grandes que eran los cangrejos y con su diferente color. Además, jugamos un ratito con la estrella de mar, con mucho cuidado, antes de devolverla a su lugar. Fue una experiencia fantástica. Garachico Garachico

Podría hablaros mucho más rato de las piscinas, aunque creo que en este caso, se hace bueno el refrán de vale más una imagen que mil palabras, por lo que creo que la belleza de las imágenes basta para saber que es un sitio precioso, el cual vale la pena visitar. Para los menos amantes de las piscinas, deciros que también hay posibilidad de nadar en mar abierto. Para ello hay acondicionadas unas escaleras que te facilitan la vuelta fuera del agua.

Garachico

Una vez terminada nuestra visita, comimos en un restaurante de comida canaria de allí. Habíamos reservado en el restaurante “Cañadas de Garachico. Espacio gastronómico”. El sitio nos encantó. Hubo un pequeño problema. Al llegar no tenían apuntada nuestra reserva. Reaccionaron muy rápido y nos montaron una mesa en un pequeño patio interior, en el que casi estábamos solos. Si volviéramos, sería un lugar muy a tener en cuenta para repetir.

Tarde: Mariposario del Drago y Drago Milenario

Tras comer en Garachico nos dirigimos a Icod de los vinos. Ambos municipios están muy cerca por lo que en apenas 10 minutos llegamos sin problemas.

El objetivo de nuestra visita era entrar en el Mariposario del Drago, ya que pensábamos que iba a ser algo que les iba a gustar mucho a los niños y sacar algunas fotografías del famoso Drago Milenario. Para conseguir esto último habíamos declinado la posibilidad de pagar por el acceso donde está ubicado, ya que realmente el Drago era lo único que nos apetecía ver realmente, no estando interesados en ver otro tipo de vegetación.

A nuestra llegada conseguimos aparcar prácticamente en la puerta. Fue una auténtica suerte pues hay poco sitio para aparcar y se antojaba una tarea difícil.

Tras dejar el coche nos dirigimos hacia la entrada donde íbamos a sacar las entradas. Allí en la parte exterior, antes de acceder al recinto, nos recibió una gallina en libertad, que casaba poco con el entorno pero que llamó nuestra atención.

Pagamos las entradas y entramos al mariposario. Si queréis toda la información sobre precios y horarios os dejamos el enlace aquí. Será la mejor forma de saberlo de la forma más real posible.

vegetación del Drago

Al entrar nos dieron unas reglas básicas, que seguían el sentido común. Una de ellas era que no se podían tocar las mariposas. Sin embargo, como ahora os contaré, casi eran las mariposas las que te tocaban a ti.

Durante toda nuestra estancia allí, recibimos mucha información sobre las mariposas a través del folleto que nos dieron, de los múltiples paneles que había y una explicación dada por una cuidadora de mariposas. Esta parte fue muy interesante pues portaba una mariposa con la que sí nos dejó interactuar. Podíamos dejar que se posara en nuestras manos. Los peques, ya sabéis como son todos, no perdieron la oportunidad.

mariposario del drago

Allí asistimos a la metamorfosis gusano, capullo, mariposa. Seguro que los que sois padres conocéis lo que nos gustaba jugar con gusanos de morera cuando éramos pequeños. Allí se observaba este proceso a través de animales reales y dibujos.

mariposas

En el mariposario hay un piso inferior que está un poco desangelado. Allí te puedes hacer fotos con alas gigantes, ver algún documental, etc. También había alguna mariposa desorientada que se había escapado del piso inferior y a la que conseguimos devolver a su verdadero lugar.

Durante nuestra estancia allí aprendimos cosas bastante interesantes como que solo allí había unos 800 tipos de mariposas tropicales procedentes de todo el mundo, de todo tipo de tamaños y colores, que se llevan bien entre ellas sin ningún tipo de conflicto,  que la vida media de las mariposas está en torno a 2-3 semanas y que están continuamente reproduciéndose.

Como os he dicho son tantas las mariposas que hay que a veces se posan sobre tu ropa o se suben a tus dedos si se los acercas un poco. Vimos un niño que parecía que tenía un imán para atraerlas, tanto que nos quedamos embobados. El niño, cuyo idioma no entendíamos, viendo la cara de fascinación de nuestros peques, les pedía que acercaran las manos para ponérselas a los nuestros. Fue tanta la conexión que pronto empezaron también a acudir mariposas a los dedos de nuestros hijos, en cuanto se los ofrecían.

 mariposas en la ropa

Una vez visto todo, nos fuimos a ver el Drago Milenario. Justo en la puerta hay un pequeño parque desde donde se obtienen unas fotos espectaculares. Para nosotros era suficiente. Habíamos pasado una tarde estupenda que finalizamos comiéndonos un helado casero de cactus y otro de papaya que vendían en una tienda cercana local.

Drago milenario

Día 7: Mañana: La cueva del viento: Visitando un tubo volcánico

La visita a la Cueva del Viento, en Icod de los Vinos, nos pillaba también bastante cerca de nuestro alojamiento. Habíamos reservado las entradas con antelación, pues sabíamos que había pocas a la venta y que se agotaban fácilmente, especialmente en verano. Las condiciones de la entrada a la cueva eran contar al menos con un mínimo de 5 años de edad, por lo que nuestro hijo pequeño no podía hacerlo. Así que reservamos tan solo 2 entradas para mí y el mayor, mientras la mami se acercaba con el peque a una de las calas de allí cerca, que nosotros visitaríamos por la tarde.

El punto de encuentro era el Centro de Visitantes, al que se nos pedía llegar al menos con 15 minutos de antelación. Llegamos con tiempo de sobra, como el resto de personas de nuestro grupo, lo que hizo que empezáramos con un poco de adelanto.

Antes de marchar hacia la cueva, nuestro guía nos contó algo de la historia de este tubo volcánico, el mayor de la Unión Europea, al que solo le superan algunos tubos volcánicos de Hawai. Nos explicó su origen, formado por la lava que caía del Pico Viejo, un volcán al lado del Teide con el que nos habíamos fotografiado algunos días anteriores, aprendimos el significado de la lava Pahoe-hoe, etc. La explicación me pareció muy interesante. El guía interactuaba con nosotros y realmente aprendí mucho sobre lo que íbamos a ver. Al peque, a pesar de no ser mucho tiempo, se le hizo un poco largo. Quería ir a la cueva lo antes posible.

Una vez finalizada la explicación nos dirigimos en unos 4×4 dirigidos por el guía y uno de sus compañeros hacia la cueva. Aparcamos a unos 200-300 metros de la misma y desde allí emprendimos camino hacia la cueva. Antes de llegar nos mostró que la cueva no está cubierta en su totalidad. Caminamos por un campo de lavas que habían formado el tubo volcánico mientras adivinábamos el tipo de lava que las había formado (¡habíamos aprendido mucho ya). Seguimos por un antiguo camino real hasta la entrada de la cueva.

Parking para el vehículo
Antiguo camino real
Antiguo camino real
Parte de la cueva descubierta
Lava pahoehoe
Lava pahoehoe

Llegaba el momento esperado, la entrada a la cueva. El tramo visitable es muy corto. Para entrar nos pusimos un casco con luz eléctrica. Dentro no hay iluminación artificial por lo que se hace necesario para poder ver algo. Pronto vimos la dificultad para andar por allí, debido a la rugosidad del terreno. En ese momento comprendí la razón por la cual está limitada la entrada a niños a partir de 5 años de edad.

Preparado para entrar
Preparado para entrar

En las paredes hay paneles explicativos y se observan diferentes formaciones realizadas por la lava. Resulta curiosa la ausencia de estalacticas y estalagmitas, típicas de cuevas por las que pasa agua. Aquí, al ser formadas por lava no existen. Aprendimos también que en esa cueva no viven murciélagos. No hay eco y los murciélagos se orientan a través de ondas sonoras que chocan contra las paredes. Allí no podrían orientarse y por tanto no pueden vivir. Sin embargo hay multitud de vida microscópica. Por eso se nos pidió que no tocáramos nada, pues podríamos dañar el medio ambiente .

Cueva del viento
Cueva del viento
Cueva del viento
Cueva del viento

Durante un momento de la visita, sentados en una especie de galería, se nos pidió que apagáramos la luz de nuestras linternas y durante un minuto, en continuo silencio, imagináramos cómo sería la vida de todos aquellos seres vivos que habitan allí en ausencia completa de luz. ¿cómo son estos seres? ¿cómo pueden vivir y alimentarse? ¿de qué color son? El guía nos preguntaba para que nosotros pensáramos las respuestas. Sin duda fue un momento que disfrutamos mucho. La humedad era altísima y la temperatura algo baja. Sin luz, las plantas no pueden realizar la fotosíntesis, por tanto no hay plantas verdes.

Para sobrevivir a estas circunstancias de ausencia de luz y dificultad de alimento, las especies de la cueva han tenido que evolucionar y adaptarse a las condiciones. Esto ha hecho que prescindan de órganos innecesarios. ¿Para qué quieren ojos si no pueden ver? Algunos animales pierden la visión o sufren decoloraciones del cuerpo como la desaparición de la pigmentación, pues esta no es necesaria si no hay luz del sol.

Otra particularidad que nos trasladaron era la existencia de insectos troglobios, de los que habitan exclusivamente en las cuevas. Los estudios permitieron descubrir especies troglobias desconocidas en Canarias como la cucaracha sin ojos o nuevos tipos de escarabajos, los cuales no podrían sobrevivir fuera de la cueva.

De forma paralela a el atrofiamiento de algunos sentidos, se desarrolla la potenciación de otros, mejorando el olfato o el tacto, sentidos que les pueden servir más en la búsqueda de alimento.

Una vez fuera, volvimos de camino al coche. El guía seguía contándonos cosas. Entre otras la capacidad del pino canario para defenderse del fuego. Son pinos que no se queman, solo se ennegrecen y en escaso tiempo vuelven a su color original. Alucinante, ¿no?

El guía nos pidió unos segundos más a nuestra llegada al Centro de Visitantes. Solo ahora que habíamos estado dentro y habíamos aprendido tanto, seríamos capaces de entender la última explicación.

Fue una visita inolvidable, más por lo aprendido que por la experiencia en sí dentro de la cueva. Aprender siempre es una fuente inagotable de placer.

Tarde: Visita al charco de la Laja y Charco del viento
Aprovechando que nos encontrábamos en Icod de los Vinos y que cerca de allí había dos piscinas naturales bastante interesantes de visitar pasamos la tarde allí.
En primer lugar fuimos al Charco de la Laja en San Juan de la Rambla y después al charco del Viento en La Guancha. La visita no defraudó. Merendamos allí mientras la tarde caía. Habíamos disfrutado de otro día muy especial.
Día 8: Mañana en el Loro Parque

El Loro Park es también uno de los lugares de visita obligada si viajas a Tenerife con niños. Nosotros, como os contamos en un post anterior, compramos las entradas conjuntas de el Loro Parque y de Siam Park. 

Para toda la información sobre precios de las entradas, horarios, packs, etc., podéis consultar su excelente página web. 

Contaros que el loro parque, a nosotros que hemos visitado bastantes, nos pareció un zoológico muy bonito. De nuestra visita destacaríamos:

  • LAS EXHIBICIONESAsistimos a todas y fueron  bastante interesantes. La que más me llamó la atención fue la de las orcas, pues uno es fácil ver una exhibición con este tipo de animales. Resulta increíble como pueden hacer caso a los cuidadores y la cantidad de agua que sacaban del acuario en cada coletazo. Las exhibiciones de loros y pingüinos, aunque también llamaron nuestra atención, nos aportaron menos pues habíamos asistido a algunas ya similares. 

  • PLANET PENGUIN:  A mi juicio la mejor zona del parque, no en vano es el pingüinario más grande del mundo. Allí dentro, uno se siente como dentro de la Antártida. Hay una incontable cantidad de pingüinos alimentándose, nadando o posando. Me pareció fascinante. No me hubiera ido de allí. 

  • KINDERLANDIA: Una zona necesaria para los niños, que se cansan de ver animales y andar por el parque al cabo de un rato. En esta los niños escalan, trepan para caer luego en toboganes y puentes colgantes. 

 

  • PINTACARASAl precio de la voluntad, unas chicas pintaban la cara a los niños en Kinderlandia. Lo resalto por la belleza de los dibujos, todos ambientados en animales de la Sabana Africana.

  • AQUAVIVA: Por momentos allí dentro te sentías como si estuvieras observando un cuadro lleno de colores espectaculares, solo que los animales del cuadro estaban vivos y ¡eran medusas! , medusas fluorescentes que se desplazaban rítmicamente. Un gran acuario, similar al del oceanográfico de Valencia daba cabida a tiburones puntas blancas ¡qué recuerdos! y peces tropicales ¡qué recuerdos también!

  • AVES: Hay tantas que sería imposible nombrarlas, lástima que nos gusten tan poco. Pero si no es tu caso, prepárate, vas a disfrutar de lo lindo. 

  • JUNGLA ARAEste espacio nos muestra que no solo animales tiene el Loro Parque, también zonas de exhuberante vegetación como jungla ara. Allí dentro, uno se siente dentro de la selva, entre el sonido del agua de las cascadas y el canto de las aves. 

 

  • PUEBLO TAILANDES: Como en Siam Park, el aspecto exótico tailandés está presente en el Loro Parque.

  • LA LIMPIEZA Y EL CUIDADO: Nos llamó mucho la atención lo cuidado que estaba todo, a pesar de estar abarrotado. Ni un papel en el suelo, todo el césped a la misma altura y bien cortado. 

  • EL TRENECITO: El Loro Parque ofrece el servicio de un trenecito que va pasando por diferentes hoteles y zonas de Tenerife a recoger a los visitantes que opten por esta opción. Si vas con niños puede ser un viaje divertido que además no supondrá ningún incremento económico: el parque lo ofrece de manera gratuita. 

Loro parque

En definitiva y sin querer entrar a explicar más, un lugar para visitar en Tenerife sin prisa y disfrutando de todos los espectáculos ofrecidos.

Tarde: Playa del Puerto de la Cruz

Como el horario de cierre era relativamente pronto, a las 18:00, y no teníamos ganas de irnos a casa, nos fuimos a la playa del Puerto de la Cruz, que se encontraba muy cerca del Loro Parque. Allí estuvimos un rato tumbados en la playa y haciéndonos unas fotos.

Día 9: Santa Cruz de Tenerife

Mañana: Parque marítimo César Manrique 

Nos planificamos la mañana para visitar el Parque marítimo César Manrique, un lugar que en lo personal me decepcionó un poco. Este complejo de piscinas de agua salada, con toboganes e hinchables de agua para el juego de los niños, busca integrar el casco urbano con el mar, que tiene prácticamente al lado. Sin embargo, quizás fuera el día, que no acompañaba mucho o el agua de las piscinas, que estaba bastante fría, pero el caso es que esta sería una de las cosas que tacharía de mi lista si tuviera que volver a Tenerife. Tenerife tiene tanta playa bonita que meterte en una piscina resulta un poco paradójico.

CÉSAR MANRIQUE

A pesar de que habíamos pagado las entradas, que no eran un regalo precisamente, no nos quedamos demasiado tiempo allí. Cogimos el coche y nos fuimos hacia el auditorio, para dar un paseo por los alrededores y ver de cerca la curiosidad de las caras dibujadas en las rocas del mar. Según nos dijeron, la historia la comenzó un señor que terminó muriendo y ahora alguien había cogido el testigo. El desconocimiento del autor dota de mayor mística y misterio a las obras, poco llamativas por sí mismas. En definitiva, pasamos un rato agradable allí.

Comida: La cueva caprichosa

No nos íbamos a ir de Tenerife sin probar un guachinche, aunque a decir verdad, este lugar tiene más de restaurante que de Guachinche. 

Una vez aparcado el coche en el gran parking propio que tiene el establecimiento, nos encontramos algunos animales que llamaron la atención de nuestros peques.

El lugar decir que nos gustó tanto la decoración del mismo como la comida y por qué no decirlo, también el precio. Parecía que habíamos acertado con la elección.

Tarde: Casa del Carnaval

La tarde del último día en Santa Cruz de Tenerife la dedicamos a visitar la Casa del Carnaval, un museo ubicado en el Barranco de Santos, configurado para mostrar los encantos de esta famosa fiesta, declarada de “Interés Turístico Internacional”, a todos los turistas.

En la entrada nos recibieron dos simpáticos chicos que nos explicaron lo que íbamos a encontrar, pidiéndonos que todo se quedara igual que lo habíamos encontrado.

A la izquierda quedaba un espacio destinado para una cafetería y una pequeña tienda.

Entrando ya en el museo, decir que consta de una exposición permanente, donde se muestran diferentes tipos de disfraces o trajes de carnaval, una exposición temporal, ubicada en una sala polivalente, un centro de documentación e investigación del patrimonio del carnaval y lo que más nos gustó un espacio para talleres y actividades de dinamización, en definitiva, un espacio para disfrazarse e interpretar. 

Casa del Carnaval
Vestido de la Reina del Carnaval

También había la posibilidad de experimentar la sensación del Carnaval con unas gafas de 3D, pero lamentablemente no funcionaron durante nuestra visita.

Entre todo lo que vimos, lo que más llamó nuestra atención fue el vestido de la Reina del Carnaval. Viéndolo parece increíble que puedan llevarlo ellas solas.

En las diferentes fotografías veíamos vestidos utilizados también por las comparsas, murgas, etc.

Casa del Carnaval
Casa del Carnaval

Otra cosa positiva también de nuestra estancia es que no estaba nada masificado.

Había muy pocas personas y casi todas venían en familia con niños. Ni que decir tiene que la mayoría del tiempo lo pasamos disfrazados. ¡Los niños se lo pasaron genial! 

Casa del Carnaval Casa del Carnaval Casa del Carnaval

DÍA 10 : El regreso

Habían sido unos días formidables pero todo lo que empieza termina y nuestro viaje había llegado a su fin. En nuestro recuerdo siempre seguirá existiendo este destino, el cual recomendamos a toda la gente del mundo. 

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