El museo del juguete (Ibi)

El museo del juguete de Ibi es un lugar de visita obligada si pasas por la zona. Ibi, no es quizás el sitio que visitarías adrede para un viaje, pero este museo, junto al hotel del juguete, ubicado allí mismo, ofrece los suficientes alicientes como para pasar un día agradable en este municipio alicantino. Esta fue nuestra idea y con esta intención viajamos hacia allí.

Aparcar cerca del museo de Ibi no fue demasiado complicado. A pesar de no contar con parking propio, en los alrededores hay mucho sitio para estacionar el vehículo. Nosotros al menos encontramos enseguida.

Museo del juguete de Ibi
Entrada al recinto

Los exteriores del museo te ambientan ya sobre lo que vas a encontrar dentro. Un pequeño parque infantil, originalmente decorado, se sitúa a las puertas de la entrada al museo. Antes de entrar, y dado que habíamos hecho un largo viaje en coche hasta allí, decidimos quedarnos un rato. Los niños nos lo pedían, tenían ganas de estirar las piernas, así que aprovechamos para almorzar allí antes de entrar.

Museo del juguete de Ibi

A la entrada nos dirigimos hacia el mostrador donde vendían las entradas. Los tickets eran bastante baratos. Solo 2 euros por persona. Además, los niños menores de 12 años no pagaban entrada.

La chica que nos vendió las entradas amablemente nos dio una breve explicación de lo que íbamos a encontrar: una sala de exposición permanente, una sala de exposiciones temporales, una vitrina con juguetes donados por particulares o empresas, especialmente de Ibi y una antigua fábrica de construcción de juguetes, que en la actualidad se puede observar a través de las ventanas y la cual, según se espera en un futuro pueda ser visitada.

Museo del juguete de Ibi
Antigua fábrica de juguetes

Nosotros comenzamos por la exposición permanente, donde observamos juguetes hechos principalmente de hojalata y madera. Algunos nos eran más familiares, otros menos, pero en definitiva te hacías una idea aproximada de cómo jugaban los niños hacía unos años. Nosotros, somos de aquellos cuyos abuelos y padres experimentaban con aquellos tipos de juguetes por lo que lo vivimos quizás con un poco más de nostalgia e ilusión de lo que lo vivían nuestros pequeños, más interesados en probarlos o encontrar algún sitio donde se pudiera jugar con ellos, que en la mera observación en sí. Quizás, esta sería una de las cosas que mejoraría del lugar, la falta de alguna pequeña sala de juego o zona donde los niños pudieran jugar, pues parece un poco paradójico que en el paraíso de los juguetes ellos mismos no puedan jugar. Esto provocó el aburrimiento de los niños, poco acostumbrados a visitar museos.

De igual modo, otro aspecto que mejoraría sería bajar la altura de las vitrinas donde están los  juguetes, pues están un poco elevadas, lo que dificulta la visión de los niños más pequeños. El nuestro de 3 años nos pedía insistentemente que lo cogiéramos para ver mejor los juguetes.

En la misma sala permanente, dos pantallas digitales en las que se agolpaban los niños en general nos hacían darnos cuenta de que la era tecnológica en la que los niños de hoy en día viven, hace difícil para ellos valorar juguetes tan rudimentarios como los que allí veíamos. Al fondo, unas cajas de madera en las que se metían los juguetes antiguamente, junto a unas fotos de cómo se cosían las muñecas, el trabajo en cadena que se desarrollaba llamó también nuestra atención. Una proyección, sin voz, también estaba en marcha, pero nadie le estaba haciendo caso. Difícil hacerlo si no sabes de qué se habla.

De ahí, tras una breve ojeada a las vitrinas con juguetes donados pasamos a la sala de exposición temporal. Durante nuestra visita, esta exposición versaba sobre Rimar, el Hospital del Juguete de Madrid. Allí vimos muchos juguetes rotos y se explicaba cómo eran reparados. Una muñeca, la famosísima Mariquita Pérez, nos llamó la atención. A modo de curiosidad, decir que está institución comenzó en 1945 fabricando sus propios juguetes de artesanía con chapa, madera o cartón. Después, con la llegada del plástico cambian de actividad y a partir de 1952 se dedican a reparar juguetes haciéndose cargo del servicio de asistencia de muchas fábricas de Ibi y del resto del valle del juguete como Payá, Famosa, Berenguer, etc.

Museo del juguete de Ibi
Mariquita Díaz

A partir de 1985 adoptan el nombre actual de hospital del juguete, mientras continuan asistiendo a varias fábricas en la reparación de antiguos juguetes de lata, cartón o madera, etc., trabajando para empresas a nivel nacional y europeo.

Museo del juguete de Ibi

En resumen, una visita interesante, que a los niños se les hizo un poco pesada.

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